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Europa se enfrenta a muchos retos, desde el envejecimiento de la población a la creciente inseguridad financiera, el aumento de las desigualdades y la evolución de las prácticas laborales. Si bien los responsables políticos saben que adaptarse a estos cambios es fundamental para lograr una economía europea resiliente, solo suelen hablar de ello en relación con las personas.
Las familias quedan excluidas de estos debates. «La gran mayoría de las personas viven en el seno de algún tipo de familia, por lo que sus capacidades y recursos están determinados en esencia por las estrechas relaciones que se establecen en este entorno», afirma Rense Nieuwenhuis, profesor titular de Sociología en la Universidad de Estocolmo.
En rEUsilience se trabaja para que las familias se erigen como motor del desarrollo de una Europa más resiliente.
«Nuestro objetivo es diseñar políticas que garanticen que todas las familias europeas dispongan de los recursos, las competencias y el apoyo necesarios para prosperar en un mundo en rápida evolución», comenta Mary Daly, catedrática de Sociología y Política Social de la Universidad de Oxford, que también colabora en el proyecto.
Una doble desventaja para muchas familias
El proyecto comenzó con una investigación exhaustiva de la vida familiar, en la que se examinó no solo cómo funcionan las familias sino, y esto es lo más importante, cómo afrontan los numerosos problemas a los que se enfrentan. Los investigadores emplearon diferentes metodologías, como grupos de discusión y análisis de grandes conjuntos de datos, para identificar varios factores importantes que limitan la capacidad de resiliencia de las familias. A la cabeza de la lista de esos factores figura el acceso deficiente a recursos, lo cual puede restringir la capacidad de una familia para asumir riesgos o adaptarse al cambio.
«Cuando convergen múltiples riesgos, como el desempleo y una mala salud o la necesidad de prestar cuidados, muchas familias suelen tener dificultades para superar la situación», explica Daly.
A lo que Nieuwenhuis añade: «En Europa, muchas familias tienen que hacer frente además a una doble desventaja, ya que las más expuestas a los riesgos del nuevo mundo laboral son las menos capaces de superarlos».
Pasar de la investigación a la acción
Con esta investigación en mano, el equipo del proyecto centró su atención en traducir sus hallazgos en recomendaciones prácticas. «Los Estados de bienestar europeos no funcionan igual de bien para todas las familias, y las deficiencias tienen su origen en unas políticas que no son lo bastante integradoras, flexibles y complementarias con las necesidades de las distintas familias», apunta Nieuwenhuis.
Para ayudar a resolver algunas de estas deficiencias, en el proyecto se estableció un laboratorio de políticas innovador. En el laboratorio, que aúna a familias, organizaciones familiares y responsables políticos, se pretende ofrecer a los responsables políticos una cartera de servicios y soluciones, así como un plan para aplicarlos, que garanticen que ninguna familia se quede atrás. Por ejemplo, el equipo del proyecto está desarrollando políticas que facilitan las transiciones de la vida familiar y, además, está creando un modelo integral de servicios de apoyo a las familias.
«El laboratorio de políticas se diseñó pensando en la repercusión y en él se capitalizará nuestra investigación para promover la toma de decisiones fundamentadas en pruebas con respecto al apoyo a la familia y el cuidado familiar, tanto a nivel de la Unión Europea como de los Estados miembros», comenta Daly.
En el proyecto también se contribuyó a mejorar la comprensión de las familias a partir de algunas de las principales bases de datos demográficos de Europa. Esta labor incluyó la clasificación de los hogares en función de las relaciones familiares de las personas, un planteamiento que identifica mejor los hogares que con frecuencia se agrupan como «hogares multigeneracionales». Además, los investigadores están confeccionando una encuesta a medida que puede añadirse a la actual cartera de encuestas de la Unión Europea, a fin de comprender mejor lo que ocurre de verdad en las familias en términos de acumulación, reparto y resiliencia de recursos.
Beneficios compartidos
Al consolidar las políticas sociales y la labor de organizaciones públicas y sin ánimo de lucro, el proyecto rEUsilience constituye un gran avance en pos de garantizar que las decisiones políticas ofrezcan a las familias el apoyo necesario para desenvolverse en un mundo a menudo complejo.
«Si se tienen en cuenta nuestras recomendaciones, nuestro trabajo ayudará a la conciliación de la vida familiar y la vida profesional de un mayor número de familias, lo que a su vez favorecerá la capacidad de sus miembros para participar y contribuir activamente una sociedad y economía europeas resilientes», concluye Nieuwenhuis.