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Las emergencias pueden surgir con rapidez en entornos impredecibles y de gran tensión. Para los primeros intervinientes como bomberos, paramédicos y equipos de rescate, cada segundo cuenta, y cada decisión puede marcar la diferencia entre la vida y la muerte.
El equipo del proyecto RESCUER, coordinado por investigadores de la Universidad Politécnica de Madrid y dirigido por Federico Álvarez, colaboró de forma estrecha con socios de toda Europa, entre los que se incluían servicios de emergencia y departamentos técnicos de nueve países. Su objetivo era aumentar tanto la seguridad como la rapidez operativa de los primeros intervinientes, así como facilitar el acceso a tecnologías punteras como la inteligencia artificial (IA) y el internet de las cosas a quienes trabajan en primera línea.
Herramientas más inteligentes, rescates más rápidos
Entre las innovaciones más destacadas de RESCUER se incluye un casco inteligente, el cual ofrece a los primeros intervinientes una visión aumentada. El casco, que proporciona imágenes térmicas y reconocimiento de objetos con IA, permite a los equipos de rescate desenvolverse por entornos llenos de humo o estructuralmente inestables y localizar supervivientes al instante.
«Gracias a las cámaras térmicas y la IA, los primeros intervinientes pueden distinguir, incluso cuando la visibilidad es casi nula, entre animales, objetos inanimados y víctimas humanas», explica Álvarez. A diferencia de las pantallas térmicas convencionales, el sistema del casco identifica y clasifica los objetivos, ayudando así a los equipos de rescate a tomar decisiones más rápidas y mejor fundamentadas.
El casco inteligente también integra el control de bioseñales y el seguimiento del estrés y la carga cognitiva, con el objetivo de contribuir a la seguridad de los primeros intervinientes. Si los niveles de estrés de un rescatador aumentan de forma peligrosa o se detecta una sobrecarga cognitiva, el sistema alerta a otros equipos antes de que la situación sea crítica. Las capacidades auditivas mejoradas permiten filtrar el ruido ambiental y amplifican sonidos esenciales, como llamadas de auxilio o alertas estructurales, lo que contribuye a ganar minutos vitales para quienes están en peligro.
Un segundo dispositivo, el radar Sign of Life, es capaz de detectar movimientos mínimos, como la respiración de una persona, incluso detrás de paredes o bajo escombros. Este sensor, lo bastante compacto como para ponerlo en un cinturón, aumenta las probabilidades de localizar supervivientes en estructuras que se han derrumbado. Las pruebas de campo preliminares indican que el radar podría aumentar de forma notable la velocidad de las operaciones de rescate en zonas afectadas por terremotos, bosques o áreas urbanas devastadas.
Sin red, ningún problema
Las zonas catastróficas suelen carecer de la infraestructura de comunicaciones que sustenta las tecnologías modernas. Teniendo esto en cuenta, el equipo de RESCUER priorizó el funcionamiento sin esa infraestructura. El casco inteligente, el radar y otras herramientas funcionan sin necesidad de redes de telefonía móvil: una ventaja esencial en montañas, túneles o zonas remotas donde la conectividad es mínima o inexistente.
Otro aspecto que distingue a RESCUER es su metodología. En lugar de diseñar tecnologías de forma aislada, su equipo colaboró de forma estrecha con los primeros intervinientes de nueve países. Simulacros como «Live My Life» sitúan a todo el equipo de investigación en supuestos de rescate reales, con el uso completo del equipamiento y la misma formación que reciben los usuarios finales, lo que les permite conocer de primera mano las exigencias físicas y mentales de la actuación en contextos de emergencia.
Este planteamiento contribuyó a perfeccionar las herramientas hasta convertirlas en dispositivos prácticos y ligeros, capaces de soportar el estrés físico y psicológico de una respuesta ante emergencias. «Nos alejamos de un modelo tradicional de impulso tecnológico», comenta Álvarez, «hacia uno guiado por el uso real sobre el terreno y las necesidades de los usuarios».
El camino hacia el mercado
Varias de las tecnologías de RESCUER, como el casco inteligente, se están preparando para su comercialización, despertando interés en sectores más allá de los servicios de emergencia, como la minería, la construcción y la defensa. Theon International, uno de los socios del proyecto, dirige el desarrollo para aplicaciones más amplias, y se prevé que los primeros productos lleguen al mercado este mismo año.
Varios servicios de intervención inmediata de toda Europa ya están evaluando los prototipos sobre el terreno. La información que se obtenga en estas evaluaciones servirá para perfeccionar el sistema antes de su aplicación a gran escala.
RESCUER ha proporcionado herramientas tangibles y reales que probablemente salvarán vidas y reducirán los riesgos de quienes se ponen en peligro para ayudar a los demás. Tal y como dice Álvarez: «Se trata de aplicar la tecnología financiada por los contribuyentes en los momentos que importan de verdad».
