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África es un mercado emergente clave para las empresas tecnológicas. Más de tres cuartas partes del continente carece de acceso fiable a servicios de internet, lo cual limita el alcance de las comunicaciones y dificulta la prestación de servicios financieros, médicos y gubernamentales.
«Cada vez más hemos visto que empresas tecnológicas como Google y otras se han vuelto muy activas en el espacio del desarrollo», comenta la investigadora principal del proyecto ConflictNET, Nicole Stremlau, directora del programa de Derecho y Política Comparada de los Medios de Comunicación de la Universidad de Oxford (Reino Unido) y catedrática de Derecho y Sociedad en el Mundo Digital en el Centro de Estudios Sociojurídicos de la misma universidad. «Ya sea en identificaciones biométricas, usando la inteligencia artificial para predecir dónde van a ocurrir crisis o proporcionando sus servicios en la nube a los Gobiernos africanos para almacenar todos sus datos sanitarios».
Si bien los trabajos previos para ampliar el acceso a internet se centraron en las zonas urbanas, hoy día se emplean tecnologías nuevas como drones y satélites para ofrecer un acceso asequible en regiones remotas, donde la influencia del Estado es más débil y donde se pueden producir desórdenes civiles.
Si no existe una labor de moderación suficiente, el discurso de odio puede propagarse con facilidad y promover conflictos violentos. En 2021, la denunciante de Facebook Frances Haugen hizo públicos documentos internos que demostraban que la empresa estaba al tanto de estos problemas con las cuentas en etíope, y acusó a la empresa de no actuar y permitir que la situación se deteriorara con consecuencias funestas. «Lo importante del proyecto era que podíamos contribuir a este debate tan fundamental mientras se desarrollaba en todo el mundo», agrega Stremlau.
Mark Zuckerberg, director general de Meta, anunció hace poco que la empresa dejaría de apoyar los programas de verificación de datos en Facebook e Instagram. Dados los límites de la verificación de datos que ConflictNET ya ha revelado en África, es probable que los problemas y preocupaciones planteados por el proyecto solo adquieran una mayor importancia en el futuro.
Moderación en línea
En ConflictNET se examinó la forma de ofrecer conectividad de forma ética en tales circunstancias. El equipo de Stremlau efectuó cientos de entrevistas a ciudadanos, organizaciones no gubernamentales, personal de empresas tecnológicas y funcionarios públicos y gubernamentales de Ghana, Kenia y Sudáfrica para calibrar la repercusión de los medios sociales en esos países.
Uno de los principales hallazgos fue cómo los desequilibrios de poder afectaban a la capacidad de las autoridades nacionales para responder con eficacia a problemas en línea, como la desinformación y el discurso de odio. La situación plantea interrogantes sobre la soberanía y la capacidad de los Estados para controlar los flujos de información y la seguridad nacional. «Cuando un país africano se enfrenta a una empresa de Silicon Valley con un PIB cien veces mayor que el suyo, esa empresa no presta atención a las preocupaciones reales y legítimas de esa comunidad», señala Stremlau.
Como consecuencia, se ha producido un aumento notable de los apagones de internet en África, ya que los Gobiernos buscan la forma más rápida y eficaz de evitar que se propague la violencia. Stremlau agrega que cuando se puso en marcha ConflictNET, esos apagones eran algo inusual. Sin embargo, al final del proyecto, se habían convertido en un fenómeno común en todo el continente y más allá.
Aunque los apagones de internet suelen presentarse como acciones de regímenes draconianos, Stremlau afirma que pueden contar con el apoyo de las comunidades locales, e identifica un caso concreto en Shashamane (Etiopía). «La comunidad estaba frustrada por lo que se estaba difundiendo por internet, y porque nadie era capaz de responder a ello de forma más matizada. Creo que en parte se debe a estos profundos fallos en torno a la moderación de contenidos en línea».
Invertir en el talento nacional
Un elemento clave de ConflictNET, señala Stremlau, fue trabajar de forma productiva con investigadores nacionales, estableciendo colaboraciones que han persistido mucho después de que el proyecto terminara. «Hemos trabajado con los colegas de la Universidad de Addis Abeba y la Universidad de Johannesburgo, y ahora colaboran con nosotros en Oxford. Creo que hemos contribuido de verdad a apoyar y desarrollar las carreras de muchos colegas en África».
Stremlau y su equipo han presentado sus hallazgos a diversas partes interesadas, como estudiantes, investigadores, organizaciones humanitarias, la Comisión de Derechos Humanos de las Naciones Unidas, el Ministerio de Asuntos Exteriores y de la Mancomunidad de Naciones, organismos gubernamentales, organizaciones no gubernamentales y en instituciones nacionales de países africanos como Etiopía, Kenia y Sudáfrica.
El proyecto también puso en marcha el Observatorio de Medios Sociales, Conflictos y Migración en la Universidad de Oxford, una plataforma para desarrollar la participación pública y política en cuestiones críticas relacionadas con los medios sociales, los conflictos, la gobernanza y la migración.
Desde que finalizó el proyecto, financiado con fondos europeos a través de una subvención del Consejo Europeo de Investigación, Stremlau ha centrado su atención en ampliar la comprensión de los principales agentes responsables de proporcionar ley, orden, justicia y seguridad durante crisis humanitarias, así como del papel de la tecnología en espacios donde el alcance del Estado es limitado.
